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Michael Parrales

Biografía 

Michael Parrales es, ante todo, un hombre de fe, esposo de Mónica y padre de dos hijos. Su mayor anhelo, tanto en su hogar como en su vocación, es que las personas conozcan a Jesucristo como Señor y Salvador, le amen con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente, y aprendan a vivir para la gloria de Dios. Esa convicción ha terminado dando forma a una pregunta que atraviesa buena parte de su vida y de su trabajo: ¿cuál es el propósito último de la formación que entregamos a las nuevas generaciones?

 

Ingeniero de formación y educador por vocación, Michael cuenta con más de dos décadas de experiencia en la intersección entre tecnología, enseñanza, innovación y liderazgo educativo. Su preparación académica incluye maestrías en Gestión de Sistemas de Información, Neuropsicología en el Ámbito Educativo, Coaching Educativo y Dirección de Instituciones Educativas, además de estudios doctorales en Educación Virtual con énfasis en liderazgo.

 

Sin embargo, entiende que ningún título, metodología o conocimiento tiene valor suficiente si no está puesto al servicio de un propósito mayor: conocer la verdad, amar a Dios y servir fielmente a los demás.

 

Su carrera ha evolucionado desde la ingeniería y los sistemas de información hacia un liderazgo educativo integral. Ha servido como profesor universitario, consultor, director, coach y líder de proyectos de transformación educativa, acompañando a miles de docentes y decenas de instituciones en distintos países de Latinoamérica.

 

Actualmente se desempeña como Director General de Monterrey Christian School, en Costa Rica, una responsabilidad que entiende como parte del llamado de Dios sobre esta etapa de su vida. Allí convergen muchas de las convicciones que han ido dando forma a su pensamiento sobre la educación: la excelencia académica, el desarrollo de los dones que Dios ha dado a cada estudiante, la responsabilidad de las familias, la importancia de una cosmovisión bíblica y, por encima de todo, la necesidad de que Cristo ocupe el lugar central en la formación de la próxima generación

 

Pero el servicio a Dios no es una dimensión adicional de su vida profesional; es la convicción que busca ordenar todo lo demás. Michael sirvió como pastor en la Iglesia Bíblica Petra en Nicaragua y actualmente preside Petra International Ministries, una organización cristiana dedicada a apoyar la plantación y fortalecimiento de iglesias en diferentes partes del mundo. Su experiencia en la iglesia, la educación y la familia ha profundizado en él la certeza de que la próxima generación necesita mucho más que buenos valores, herramientas para el futuro o una excelente preparación académica: necesita conocer a Cristo.

 

Esta convicción está en el corazón de Forjando para la eternidad. Michael escribe desde una preocupación que primero lo confronta a él mismo como padre, educador y creyente: es posible preparar extraordinariamente bien a nuestros hijos para alcanzar el éxito, desarrollar sus talentos y competir en este mundo y, aun así, descuidar aquello que tiene valor eterno. Por eso el libro vuelve una y otra vez a la inquietante pregunta de Jesús:

 

“Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?”
Mateo 16:26

 

Para Michael, esta pregunta obliga a padres, educadores e iglesias a examinar aquello que realmente consideran importante. La educación cristiana no puede limitarse a formar niños respetuosos, responsables o académicamente competentes. Tampoco puede reducirse a añadir clases de Biblia a una educación que, en todo lo demás, persigue exactamente los mismos fines que el mundo. El propósito debe ser mucho más profundo: enseñar la verdad de Dios, anunciar fielmente el evangelio, formar una cosmovisión bíblica y señalar constantemente a nuestros hijos hacia Cristo.

 

Michael sabe, sin embargo, que ningún padre, maestro, pastor o colegio puede producir la salvación en el corazón de una persona. Esa obra pertenece solamente a Dios. Por eso su llamado no es a confiar en técnicas educativas o fórmulas de crianza, sino a recuperar la fidelidad: enseñar, modelar, orar, corregir, amar y proclamar a Cristo, dependiendo de la gracia de Dios para hacer aquello que solamente Él puede hacer.

 

Su deseo es que padres, educadores y líderes vuelvan a las Sagradas Escrituras y recuperen una visión de la educación a la luz de la eternidad. Que comprendan que cada conversación, cada decisión, cada prioridad y cada ejemplo están formando una determinada manera de ver a Dios, al ser humano y al mundo.

 

En última instancia, su anhelo no es simplemente ayudar a formar mejores estudiantes o personas más exitosas, sino contribuir a que una generación conozca a Cristo, le ame por encima de todas las cosas y aprenda a vivir con toda su mente, su corazón y su vida para la gloria de Dios.

 

Porque educar para la eternidad no consiste solamente en preparar a nuestros hijos para vivir bien en este mundo, sino en señalarles fielmente a Cristo y enseñarles que fueron creados para conocer a Dios, amarle y vivir para Su gloria.

Michael Parrales y familia.

"De poco sirve preparar a nuestros hijos para conquistar el mundo si no les enseñamos que fueron creados para vivir delante de Dios, para Su gloria y a la luz de la eternidad."

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